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Alemania Oriental, Occidental y Yugoslavia estuvieron juntas pero no revueltas

Se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín y con ese acontecimiento empezó a acrecentarse el fin de la Guerra Fría. Esto dejo paz y caos en algunos países de Europa como en algunas amistades deportivas

El fútbol como vía de escape

Dirk Schlegel y Falko Götz crecieron juntos, dos niños obsesionados con el fútbol del mismo lado de un Berlín dividido. Vivían cerca del muro que había definido su ciudad desde su construcción en 1961. Sus infancias se dividieron en bueno y malo, oeste y este, imperialismo capitalista y utopía socialista.

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Dirk Schlegel y Falko Götz no fueron los únicos deportistas alemanes orientales que escaparon del este al oeste. Con anterioridad, Axel Mitbauer y Wolfgang Thüne lo habían hecho también

Ambos salieron del Dynamo Berlin. Formaban parte de una organización deportiva fuertemente abrazada por la Stasi, la brutal e invasiva policía secreta de Alemania Oriental. Erich Mielke, el infame líder de la Stasi, fue el presidente honorario de Dynamo. Götz hizo su debut en 1979, a los 17 años. y Schlegel hizo el suyo dos años después, a los 20 años. Mielke creía que Dynamo debería convertirse en el equipo más exitoso de Alemania del Este. Ganaron la liga con un récord de 10 veces consecutivas entre 1979 y 1988.

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Frank Terletzki fue el capitán del Dynamo Berlín durante esa época. Aquí le estrecha la mano a Felix Magath, capitán del Hamburger SV en una partido de 1982

Mientras jugaba para la sub-21 de Alemania del Este en Suecia, Götz comenzó a considerar seriamente una alternativa y Schlegel tenía pensamientos similares, que se pusieron de manifiesto por la experiencia de jugar en el extranjero en mayo de 1982 en una competencia juvenil en Francia. Para el verano de 1983, los amigos habían decidido que tenían que salir de Alemania del Este. Y tenían un plan pero tendrían que tener cuidado de debatirlo en lugares donde la gente pueda escuchar, en especial tenían que evitar a la Stasi. La mejor forma fue usar la Copa de Europa para escapar a Alemania Occidental desde otro destino del viejo continente. Tenían toda la temporada de 1983-1984 para lograrlo.

En la primera ronda, enfrentaron al Jeunesse Esch, campeón de Luxemburgo. El partido de ida fue en casa del Dynamo. Götz abrió el marcador en una victoria de 4-1. El partido de vuelta fue el 28 de septiembre de 1983 y no pudieron realizar su objetivo porque sólo no tuvieron un momento de soledad para alejarse de la delegación sino que además el amigo que podría ayudarlos no podía cruzar la frontera con Luxemburgo desde su nuevo hogar en Alemania Occidental con auto ni todavía había recibido sus documentos de identificación completos. El siguiente cruce fue contra el Partizan de Belgrado, un equipo de Serbia, con una oportunidad más viable para realizar el escape porque a diferencia de Luxemburgo, la seguridad era estricta, pero esto sería diferente dado que Yugoslavia era un país socialista, aunque no en el bloque oriental de estados oficialmente aliados con la Unión Soviética, como Alemania Oriental. El primer partido fue en el país germánco y de nuevo Götz anotó un gol, esta vez en el primer minuto. Terminó 2-0 para los alemanes orientales. El partido de vuelta fue el 2 de noviembre y el equipo viajó en micro hasta el centro de la capital yugoslava, al mediodía les dieron una hora libre. Schlegel y Götz estaban sentados en lados opuestos del autobús, sus miradas se cruzaron y sin mediar palabra, se dieron cuenta que era el momento.

De la idolatría a la amistad

Drazen Petrovic por aquel entonces asumía como la futura estrella del baloncesto yugoslavo, ya había formado parte de la delegación balcánica en la Copa del Mundo en 1982 y del Eurobasket. Los pasos del croata trataban de ser seguidos por una camada de jóvenes a lo largo de las seis naciones que conformaban Yugoslavia. Dentro de ellos, se encontraba Vlade Divac, un joven serbio que empezaba a dar sus primeros pasos en el deporte profesional.

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Drazen Petrovic jugó en Sibenka Sibenik entre 1979 y 1984

El destino los juntó por primera vez en 1986 para el Mundial y a partir de ahí su relación fue netamente en camino ascendente. El seleccionador Dušan Ivković decidió en 1988 armar los compañeros de cada habitación basados en diferentes personalidades. No fue una novedad para el pívot que comparta el cuarto con el escolta, uno era una persona relajada con actitud extrovertida que siempre andaba de buen humor y realizaba chistes como bromas mientras que el otro sólo vivía para el basquet. Un equipo joven que llegó a la final olímpica ya asomaba como los probables reyes del deporte de la pelota naranja y tanto Drazen como Vlade emergían como las figuras junto al croata Toni Kukoc. Al año siguiente alcanzaron la gloria en su país durante el Campeonato Europeo celebrado en Zagreb y Divac como Petrovic desembarcaron en la NBA.

Mientras los dos saboreaban las mieles del éxito, el mundo estaba en pleno proceso de cambios. La Guerra Fría se acercaba a su final con el fracaso del socialismo y en Europa del Este ya el movimiento independentista tomaba un rol protagónico. Polonia, Checoeslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania fueron los pioneros mientras en la Península Bálcanica las tensiones entre serbios, croatas y eslovenos crecían por las decisiones tomadas de Slobodan Milošević.

La Stasi, el rival más difícil de vencer

El Ministerio para la Seguridad del Estado supervisó todos los aspectos de la vida cotidiana de Alemania Oriental, reuniendo información a través de una red de informantes e informantes que informaron sobre los informadores. Algunas estimaciones sugieren que empleó a una de cada 63 personas.La estructura era sofisticada, audaz, todopoderosa. El propósito era mantener el orden, promover la causa socialista.

Götz y Schlegel lograron escapar luego de desviarse del plantel del Dynamo Berlín en una tienda de discos, vieron una puerta de salida oculta y salieron por ahí, empezaron a correr hasta encontrar un taxi que los llevará a la embajada de Alemania Occidental. El primero no los llevó y el segundo si. En media hora, ya se encontraban en suelo germánico del oeste con el personal del edificio que les indicó como salir de Yugoslavia para entrar en la otra parte de Alemania. Fueron llevados en auto de Belgrado a Zagreb, allí les dieron comida y unos documentos falsos con instrucciones por si llegaban a ser interrogados en su llegada a la RFA. La última parte del plan era tomar el tren en Ljubljana que salía a la medianoche y debían llegar cerca del horario de salida. El partido era a las 20 y ninguno de los dos salió en la transmisión televisiva ni dieron mensajes de sus paraderos. En las primeras horas de la madrugada, el tren se detuvo en la aduana yugoslava y los futbolistas tuvieron que mostrar sus nuevas identidades a la policía, pasaron sin problemas y cuando ya pasaron por Austría supieron que se encontraban a salvo. A las 6, llegaron a Munich y ya la prensa sabía que habían intentado escapar al occidente porque eran la portada de los diarios alemanes. Las instrucciones no habían cesado, debían viajar a Giessen, donde había una instalación que procesaba refugiados y recién ahí pudieron establecer contacto con sus respectivas familias. Fueron cuidadosos en las entrevistas como en su vida privada, ellos sabían que la Stasi tenía espías del otro lado del muro y que sus familias, en el lado oriental, eran seguidas por los agentes. Tuvieron una suspensión de doce meses por la FIFA y de la mano de Jorg Berger pudieron fichar por el Bayer Leverkusen. A medida que la Guerra Fría llegaba a su fin, ambos lograron establecer un contacto regular con sus familiares. Llegó el 9 de noviembre de 1989 y la noticia que sacudió al mundo, Alemania se unificaba y el muro de Berlín era derribado. Schlegel se enteró a través de un empleado de un bar en un hotel donde se encontraba alojado en Gelsenkirchen y no podía creer que era cierto, volvió después del partido ante el Schalke 04 y pudo cenar con su familia en el país después de años, sólo había podido verlos en 1987 con un encuentro en Checoeslovaquia mientras que Götz se encontró con los suyos en el 88′ en Hungría. El goleador pudo volver al hogar que abandonó en 1983 recién un mes después de la caída del muro. Han pasado ya tres décadas de aquel entonces y aún la amistad entre Dirk y Falko continúa, de hecho hablan regularmente.

El nacionalismo venció a los campeones del mundo

El muro de Berlín ya había quedado en la historia, Alemania era una sola y los bloques socialistas tenían los días contados. Ya era el año 1990 y el Partido Comunista Yugoslavo se había disuelto. La grieta era cada día más grande, en Eslovenia como Croacia hubieron gobiernos electos con ideas independentistas mientras que en Serbia y Montenegro se eligieron candidatos que avalaban la unidad yugoslava. Bajo todo este contexto, la Selección de Yugoslavia fue a Argentina a disputar el Mundial y encima se encontraron con las banderas nacionalistas croatas en cada uno de sus encuentros. A lo largo de la competencia, demostraron un buen nivel de juego que sólo les hizo perder un partido, superaron a Estados Unidos en las semifinales y apabullaron a los soviéticos en la final, se tomaron revancha de lo ocurrido dos años antes en los Juegos Olímpicos de Seúl. Toni Kukoc fue elegido el Jugador más Valioso mientras que Drazen Petrovic y Vlade Divac integraron el quinteto ideal mundialista.

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Vlade Divac y Drazen Petrovic durante un partido con la Selección de Yugoslavia

En el momento que los jugadores celebraban, se produjo el quiebre de esta amistad bajo un clima festivo. Una persona de 1,80 mts ingresó a la cancha con una bandera croata y discutió con Divac, el serbio le arrebató la bandera cuando las cámaras de la televisión no habían cortado aún la transmisión y esas imágenes dieron la vuelta al mundo. Este anónimo, por años, se llama Tomás Sakic y es un argentino hijo de croatas que fue al Luna Park sólo para mostrar su segunda nacionalidad, en una entrevista con Página 12 mencionó que ni sabía que Divac era serbio. En esos segundos, Drazen no intervino porque no vio de que se trataba el asunto aunque después le contaron lo ocurrido y ahí su trato con Vlade fue cada vez más distante.

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Vlade Divac le saca la bandera croata a Tomás Sakic luego de la final del Mundial

Cuando volvieron a Estados Unidos para la temporada 1990-1991, Petrovic evitaba tener contacto visual con Divac y sólo le hablaba cuando había público y cámaras de por medio. En junio del 91′, las guerras tomaron el eje central en estas seis naciones porque Croacia y Eslovenia habían declarado sus respectivas independencias mientras su selección iba a Italia al Campeonato Europeo con casi la misma base del equipo mundialista, menos el jugador de los New Jersey Nets pero el baloncesto ya no era lo más importante. En 1992, Croacia ya era reconocida como país, a pesar de estar en guerra, y fue a los Juegos Olímpicos de Barcelona, compitió contra el primer equipo de Estados Unidos conformado por jugadores de la NBA como Michael Jordan, Larry Bird y «Magic» Johnson en la final y se quedó con la medalla de plata. De vuelta en América del Norte, el escolta de Šibenik declaró en una entrevista que ya no se hablaba con Divac y para el serbio, esa reacción que tuvo en Argentina lo había convertido en un héroe para los suyos y un guerrillero para los croatas. A raíz de eso, las amistades que tenía con otros jugadores de la selección como Toni Kukoc o Dino Radja también se habían frenado.

Drazen Petrovic perdió la vida en junio de 1993 en un accidente de tránsito ocurrido en Baden-Wurtemberg, Alemania mientras volvía con su novia y una amiga después de un partido en Polonia. Su auto fue embestido por un camión que venía de frente, el croata iba en el asiento de acompañante dormido y sin cinturón de seguridad. «El Mozart del baloncesto» murió sin poder reconciliarse con uno de sus mejores amigos, la guerra de desintregación yugoslava no sólo eliminó para siempre a una de las mejores selecciones en la historia del baloncesto mundial sino que acabó con una amistad. Según Vlade Divac, «para crear una amistad hacen falta años, pero se puede destruir en cuestión de segundos«. El relato de está relación con el trasfondo de la disolución de Yugoslavia se puede ver en el documental de ESPN 30X30 titulado «Once Brothers«.

Por Augusto Fortunato

(Para MLB Productora)

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