Life Style

Cambio de los cánones de belleza a lo largo de las épocas

Según el pasar de la moda y los tiempos, las mujeres son consideradas bellas acorde a diferentes estándares.

A partir de los primera tiempos en donde la selección natural jugaba un papel esencial para la perpetuidad de la especie, la, belleza no tenía un papel tan importante. Procrear era muy sensorial, instintivamente el hombre prefería una mujer de grandes caderas y buenos pechos para la crianza de su descendencia, el color rosado en sus mejillas que sugería salud así como el cabello lustroso y suave lo seducía porque en el fondo indicaba ser una mujer sana. Recíprocamente la mujer elegía al macho alfa como pareja, por la ley del más fuerte, todo en un contexto de preservación de la especie a través de hijos más fuertes y que pudieran sobrevivir.

Sin embargo, con la evolución del hombre, el humano dejó de ser animal y se convirtió en un ser pensante. Los cánones de belleza empezaron a cambiar: la mujer también se empezó a «adornar», privilegio que solo era de los varones que se vestían y se maquillaban para la guerra, para las ceremonias religiosas y hasta para las celebraciones funerarias. En los clanes esta decoración tenía un sentido de pertenencia: para que las mujeres pudieran parecerse a las otras de la tribu, obedeciendo las tradiciones y costumbres destinadas a ser más atractivas para los solteros disponibles (o alguien de más alto rango que pudiera mantener a más esposas).

Los cánones de belleza eran diferentes en el Antiguo Egipto, en donde por las condiciones geográficas las mujeres usaban telas frescas de lino, sandalias, adornos en los brazos y usaban maquillaje muy marcado en los ojos, considerando hermosas a a las egipcias que se rapaban el pelo y usaban pelucas para entrar en la belleza de la época. Las mujeres querían parecer bellas y los hombres las veían hermosas con estos accesorios.

En un mundo dominado por un patriarcado, los cánones de belleza fueron evolucionando lentamente, se le «permitió» a la mujer arreglarse con fines de «conseguir un buen marido y tener un buen futuro», en el contexto de la ausencia de la educación para las mujeres o su presencia en el mundo laboral, más allá del trabajo doméstico no remunerado.

Paulatinamente esto fue cambiando y la moda intervino en el siglo XV donde las clases sociales se hicieron más divididas, originando nuevos patrones de belleza: las mujeres con más peso eran relacionadas con la prosperidad, es decir, si el origen social de la mujer era de riqueza entonces contaba con mucha comida y por tanto su contextura física era robusta. En cambio si la mujer pertenecía a una clase social menos privilegiada, no tenía mucha comida y era flaca. En esa época tener un talle XL era símbolo de belleza, misma que se puede apreciar en pinturas renacentistas llenas de figuras desnudas con curvas y mucha carne.

El mundo siguió su curso y a partir del siglo pasado los cánones de belleza cambian cada 10 años. Las mujeres se empezaron a deshacer del volumen en la ropa, empezando a mostrar más piel, usar pantalones y el cabello corto en los años 20. Su figura se fue afirmando con una belleza protagonizada por la mujer con gran busto, cintura pequeña y caderas anchas como Marilyn Monroe, Brigitte Bardot y Sofía Loren, iconos de la belleza de los años 50.

Sin embargo en los 70 y 80 la moda cambió y la mujer «tenía» que ser alta, delgada y de piernas largas. En los 90 la percepción de belleza se distorsionó debido a los trastornos alimenticios de varias modelos que lucían sus cuerpos casi cadavéricos, naturalizando esta mirada no saludable del cuerpo que implicó un cambio en el estilo de maquillaje: oscuro y ahumado para disimular las ojeras producidas por la bulimia y anorexia en esos cuerpos enfermos.

Hoy en día en un mundo globalizado los cánones de belleza cambiaron, pero siguen siendo estrictos y aspiracionales: mujeres saludables, delgadas, de piel increíble, con cabello lustroso y gran altura nos persiguen y nos dicen cómo ser, qué talle tener y qué altura medir. Modelos a veces inalcanzables por la mayoría de las mujeres.

Es preciso recordar a la famosa escultura «La Venus de Milo» que está en el Museo de Louvre en París, la misma que fue el molde para sacar las medidas universales de «una mujer perfecta»: 90-60-90. Siglos después en el mundo de la moda se definió que la altura ideal para modelar fuera arriba de 170 CM, cuando irónicamente solo un 6 % de la población posee estas medidas perfectas (?) de cuerpo y altura. En este sentido es válido preguntarse: ¿dónde quedan el resto de las mujeres?

Las medidas ideales son eso: ideales. La aceptación propia es sumamente importante para que estos cánones de belleza cambien. Recientemente se ha visto que varias marcas se han dado cuenta que el mensaje es equivocado, decidiendo incluir talles de todos los tipos, acorde a todo tipo de mujeres. Hay leyes que exigen la confección de medidas muy pequeñas y muy grandes para todos los cuerpos, de manera tal que no exista discriminación alguna.

Por: Nora Carreón

(Para: MLB Productora)

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