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Se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín

El 9 de noviembre de 1989 el miembro del Politburó Günther Schabowski anunció que los ciudadanos de Alemania Oriental podían pasar a Alemania Occidental a través de los pasos fronterizos y a partir de ese momento empezó el derribamiento por una parte de la sociedad alemana para tirar el último bastión que impedía la reunificación

Inicio de la separación en Alemania

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, las potencias vencedoras de Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y la Unión Soviética decidieron repartirse la capital alemana. En 1948, los occidentales unificaron sus respectivos sectores en uno solo. Mientras que en 1955, la Unión Soviética declaró la ocupación y que Berlín pertenecía en su totalidad a la República Democrática Alemania. Además de repartirse Berlín, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial dividieron Alemania en dos. En 1949, se fundaban la RDA, la República Democrática Alemana (Alemania Oriental, del Este), con capital en Berlín, y la RFA, la República Federal Alemana (Alemania Oriental, del Oeste), cuya capital era Bonn. Las dos Alemanias estuvieron hasta 1969 sin reconocerse mutuamente como países, ya que las dos se consideraban la “verdadera Alemania”. Esta división duró hasta la reunificación en octubre de 1990, un año después de la caída del muro.

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Así lucía el Muro de Berlín luego de su construcción en 1961

Un muro que dividía más que un país

Un paredón infranqueable se convirtió en el símbolo de la Guerra Fría. Además de dividir a Alemania en dos países como la RFA (occidental) y la RDA (oriental), también partía el mundo en dos con el bloque de los países alineados con la OTAN (bajo el liderazgo de Estados Unidos) y el del Pacto de Varsovia (la Unión Soviética y sus países satélites). Unos 45 kilómetros de muro separaban el Berlín Oriental del Occidental.

El “muro de la paz”, según los socialistas, y para los demás, el “muro de la vergüenza”, empezó a construirse el 13 de agosto de 1961. En unos días, entre 40.000 y 55.000 operarios, soldados y policías plantaron una valla de 40 kilómetros, dividiendo la ciudad con alambradas, bloques de piedra y edificios que fueron vaciados y cerrados. Era más que un muro. En realidad, era un emparedado de muerte entre dos paredones. El perímetro exterior estaba fuertemente iluminado y su pared interior, pintada de blanco para reflejar mejor la silueta de los que intentaban huir; zanjas, dunas, torretas con vigilantes armados en la llamada franja de la muerte, alambrada de espino, vallas metálicas y trincheras y bloques de hormigón de dos toneladas de peso y entre 2,5 a 3,6 metros de altura por 1,5 de ancho. En algunas zonas, los policías patrullaban con perros y había barreras antitanques. El propósito principal de esta construcción era evitar que los alemanes del este escapen hacia la Alemania Occidental. Días anteriores al levantamiento del Muro de Berlín casi 50.000 personas habían dejado el Berlín Oriental y de 1949 hasta 1961 más de dos millones de alemanes pertenecientes a la parte socialista escaparon al sector capitalista.

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Miembros de la «Stasi», Ministerio para la Seguridad del Estado, trabajan sobre el Muro de Berlín

Un muro interminable

Aproximadamente unas 4.000 personas cruzaron el muro de distintas maneras y no se sabe cuántas lo intentaron por todos los medios imaginables en los 28 años en los estuvo en pie. En globo, en submarino artesanal, nadando por los canales de la ciudad, ocultos en los baúles o bajo los asientos de coches o en camiones, a través de túneles. Oficialmente, 79 personas perdieron la vida, aunque se desconoce cuánta gente murió realmente intentando pasar al otro lado del muro, se cree que fueron unas 200 y un centenar resultaron heridas en distintas tentativas. A la primera víctima, Günter Liftin, de 24 años, le dispararon el 24 de agosto de 1961 cuando cruzaba a nado el río Spree. Descubierto por la policía, fue sacado del agua y asesinado de un disparo. El último en perder la vida fue un joven de 20 años, Chris Gueffroy, el 6 de febrero de 1989, ametrallado por la policía de la RDA cuando intentaba cruzar a nado un canal que atraviesa Berlín tras haber conseguido franquear el muro.

El principio del fin

Mijaíl Gorbachov en 1985 llegó al poder en la URSS y con él llegaron la «Perestroika» (reestructuración en ruso), un conjunto de reformas para cambiar la economía del país y sus relaciones con occidente, y la «Glasnost», la transparencia informativa. Los cambios en la Unión Soviética se convirtieron en un vendaval en los países del bloque comunista. Varias revoluciones tuvieron lugar en 1989 en países de ámbitos soviéticos. Polonia dio el pistoletazo de salida; Checoslovaquia se apuntó con su Revolución de Terciopelo y en la zona del báltico (Letonia, Estonia y Lituania) cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles pidiendo recuperar la independencia que habían perdido en 1940 cuando se incorporaron a la URSS. Un mes antes de caer el muro habían tenido lugar las celebraciones del 40º aniversario de la fundación de la Alemania Oriental. Desde las elecciones municipales del 7 de mayo, todos los días 7 de cada mes miles de personas salían a protestar en Alexander Platz, en Berlín, para pedir medidas de apertura y cambio. Como si esto fuese poco, el 18 de octubre de 1989 el líder de la RDA, Erich Honecker, fue reemplazado en sus labores por Egon Krenz, que se vio sobrepasado por los acontecimientos.

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Erich Honecker fue Presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana desde 1976 a 1989

El jueves 9 de noviembre de 1989 a la tarde, en una rueda de prensa, Günther Schabowski, dirigente de República Democrática Alemana, hacía saber a los periodistas extranjeros que los ciudadanos orientales podían salir del país a través de los puestos fronterizos. La orden entró en vigor «de inmediato» y muchísimas personas se dirigieron al muro de Berlín, donde los guardias fronterizos no hicieron nada para contener la avalancha, y cruzaron a la República Federal Alemana. El muro había caído y multitudes de alemanes derribaron la pared pieza por pieza usando sus manos, picos, mazos y palas en una tarea que llevó un par de días de trabajo.

Por Augusto Fortunato
(Para MLB Productora)

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