
El celular puede ser tu mayor aliado… o una puerta abierta para los ciberdelincuentes
LateEl teléfono celular se convirtió en una especie de caja fuerte digital en la que guardamos fotografías, conversaciones, contactos, documentos, contraseñas y hasta el acceso a nuestras cuentas bancarias. Sin embargo, muchas veces la seguridad de toda esa información queda condicionada por pequeños hábitos que repetimos todos los días sin prestar demasiada atención.
Uno de los errores más frecuentes es utilizar el dispositivo sin un método de bloqueo. Dejar la pantalla accesible, especialmente cuando permanecen abiertas aplicaciones de correo electrónico, mensajería, redes sociales o servicios financieros, facilita que otra persona pueda ingresar a información privada si el equipo se pierde o queda momentáneamente fuera de nuestro control.
También puede resultar peligroso desactivar herramientas de protección para hacer más cómodo el uso del teléfono. El bloqueo automático, la identificación biométrica y los sistemas de autenticación adicional funcionan como barreras frente a accesos no autorizados. En el caso de las cuentas, la verificación en dos pasos suma una instancia de seguridad que puede impedir que una contraseña robada sea suficiente para ingresar.
Otro descuido habitual consiste en postergar las actualizaciones del sistema operativo y de las aplicaciones. Estas versiones no solamente incorporan nuevas funciones: muchas incluyen correcciones destinadas a solucionar vulnerabilidades detectadas en versiones anteriores. Mantener el software actualizado es, por lo tanto, una de las medidas más sencillas para reducir la exposición a ataques.

Compartir cuentas o mantener sesiones abiertas en dispositivos utilizados por otras personas también puede generar problemas. Un tercero podría acceder a información privada, modificar configuraciones o incluso eliminar contenido. Por eso es recomendable revisar periódicamente qué dispositivos permanecen vinculados a las cuentas y cerrar aquellas sesiones que ya no se utilizan o que resulten desconocidas.
La procedencia de las aplicaciones es otro punto clave. Descargar programas desde páginas desconocidas o instalar archivos recibidos mediante enlaces sospechosos puede introducir malware o spyware en el teléfono. Antes de instalar una aplicación conviene comprobar quién la desarrolló y recurrir a tiendas oficiales o fuentes confiables.
A esto se suma un hábito que suele pasar inadvertido: aceptar todos los permisos que solicita una aplicación. El acceso a la cámara, el micrófono, la ubicación, los contactos o los archivos puede exponer más información de la necesaria. Revisar esas autorizaciones y conservar solamente las que sean indispensables permite limitar el acceso de las aplicaciones a los datos personales.

Las redes WiFi públicas o abiertas también requieren precaución. Conectarse a cualquier red disponible puede aumentar los riesgos, especialmente cuando desde esa conexión se introducen contraseñas, se accede a cuentas o se realizan operaciones que involucran información sensible.
Si aparecen aplicaciones que no fueron instaladas por el usuario, mensajes extraños, modificaciones inesperadas en alguna cuenta o dispositivos desconocidos conectados a los servicios personales, es conveniente actuar rápidamente. Revisar las sesiones activas, cerrar accesos sospechosos, controlar los permisos otorgados a aplicaciones de terceros y cambiar las contraseñas potencialmente comprometidas son algunas de las medidas que pueden ayudar a recuperar el control.
La seguridad del celular no depende únicamente de herramientas sofisticadas. En buena medida, comienza con decisiones simples que se toman a diario: proteger el acceso al dispositivo, actualizarlo, controlar los permisos, descargar aplicaciones desde fuentes confiables y prestar atención a las conexiones utilizadas. Unos pocos minutos de prevención pueden evitar problemas mucho más difíciles de solucionar después.
Por: Maria Lorena Belotti




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