Día Mundial de la Menopausia: romper el silencio y escuchar el dolor que durante años fue ignorado

Cada 18 de octubre, el mundo busca visibilizar una etapa natural de la vida que todavía arrastra prejuicios. En 2026, el foco está puesto en el dolor crónico durante la mediana edad.
ACTUALIDAD18/10/2026LateLate

El 18 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Menopausia, una fecha destinada a generar conciencia sobre una etapa natural de la vida que, durante mucho tiempo, permaneció rodeada de silencios, mitos y desinformación. Lejos de ser solamente el final de la menstruación, la menopausia representa una transición que puede producir cambios físicos, emocionales y sociales, con efectos diferentes en cada persona. Por eso, hablar de ella es también hablar de salud, calidad de vida, acceso a la información y derecho a recibir atención médica adecuada.

La iniciativa busca que la menopausia deje de ser un tema incómodo o relegado a conversaciones privadas y ocupe el lugar que merece en las agendas sanitarias, en los consultorios, en los espacios laborales, en los medios de comunicación y en la sociedad. Aunque se trata de un proceso biológico natural, muchas mujeres atraviesan esta etapa sin información suficiente, sin acompañamiento profesional o con síntomas que afectan su vida cotidiana y que no siempre son reconocidos a tiempo.

La fecha es impulsada internacionalmente por la Sociedad Internacional de la Menopausia, conocida por sus siglas en inglés como IMS, una organización científica fundada en 1978 que reúne a profesionales dedicados al estudio de esta etapa de la vida. La entidad estableció el Día Mundial de la Menopausia en 2009 con el objetivo de mejorar el conocimiento sobre el tema, promover la educación sanitaria y contribuir a que las mujeres de todo el mundo tengan una mejor experiencia durante la transición menopáusica. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, reconoce la importancia de incorporar la atención relacionada con la menopausia a los servicios de salud y de mejorar la comprensión de sus efectos individuales y sociales.

Cada año, la Sociedad Internacional de la Menopausia propone un tema específico para orientar la campaña mundial. En 2026, el lema es “Chronic Pain At Midlife”, que puede traducirse como “Dolor crónico en la mediana edad”. La propuesta pone el foco en una problemática que merece mayor reconocimiento: el dolor persistente que pueden experimentar algunas mujeres durante la transición menopáusica y después de ella, y que no siempre recibe la atención necesaria.

La campaña de este año busca promover una mirada más amplia sobre el dolor en esta etapa, impulsar nuevas investigaciones y mejorar las herramientas de diagnóstico y tratamiento. También cuestiona una realidad que atraviesa históricamente la atención sanitaria: el dolor de las mujeres puede ser minimizado, atribuido exclusivamente a cuestiones emocionales o naturalizado como una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Frente a esa situación, los especialistas destacan la importancia de escuchar cada relato, evaluar los síntomas y ofrecer una atención individualizada, basada en evidencia científica.

La elección de este tema no significa que todos los dolores que aparecen durante la mediana edad sean consecuencia directa de la menopausia. El dolor persistente puede tener múltiples causas y requiere una evaluación profesional para identificar su origen. Sin embargo, las modificaciones hormonales, los cambios en el sueño, las molestias musculares y articulares y otras condiciones que pueden coincidir con esta etapa hacen necesario prestar atención a los síntomas y evitar que se desestimen.

Pero ¿qué es exactamente la menopausia? Desde el punto de vista médico, se considera que una persona llegó a la menopausia natural cuando transcurrieron doce meses consecutivos sin menstruación y no existe otra causa que explique esa ausencia. En general, ocurre entre los 45 y los 55 años, aunque puede presentarse antes o después. También puede producirse como consecuencia de determinadas intervenciones quirúrgicas o tratamientos médicos.

Antes de llegar a ese momento suele aparecer la perimenopausia, una transición que puede extenderse durante varios años y en la que comienzan a registrarse cambios en el ciclo menstrual y distintas manifestaciones físicas o emocionales. Los sofocos, la sudoración nocturna, las dificultades para dormir, las alteraciones del estado de ánimo, los problemas de concentración, la sequedad vaginal y los cambios en el deseo sexual son algunos de los síntomas posibles. No todas las mujeres los experimentan de la misma manera ni con la misma intensidad, y algunas atraviesan esta etapa con pocas molestias.

Por eso, uno de los principales objetivos de esta efeméride es combatir la idea de que existe una única manera de vivir la menopausia. No hay experiencias idénticas ni una receta universal para transitarla. La información confiable y el acompañamiento profesional permiten comprender qué está ocurriendo en el organismo, identificar las necesidades particulares y conocer las alternativas disponibles para aliviar los síntomas cuando sea necesario.

La OMS señala que la atención durante la transición menopáusica y después de ella debe formar parte de un enfoque integral de salud. Esto implica no limitar la consulta a los síntomas más conocidos, sino considerar también el bienestar emocional, la salud sexual, el descanso, la actividad física, la alimentación y los factores que pueden influir en la calidad de vida a largo plazo. Las opciones terapéuticas, hormonales y no hormonales deben evaluarse de acuerdo con los síntomas, los antecedentes y las necesidades de cada persona, junto con un profesional de la salud.

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En este sentido, resulta fundamental desterrar otro mito: consultar por la menopausia no significa necesariamente que haya que recibir un tratamiento hormonal. Existen distintas alternativas y la elección depende de cada situación clínica. La automedicación, en cambio, puede implicar riesgos, por lo que cualquier tratamiento debe ser indicado y supervisado por profesionales capacitados.

La visibilización también tiene una dimensión social. Durante décadas, hablar de menopausia estuvo asociado al envejecimiento, a la pérdida de atractivo o al final de una etapa considerada central en la vida de las mujeres. Esos prejuicios contribuyeron a que muchas personas ocultaran sus síntomas por vergüenza o temor a ser juzgadas. En el ámbito laboral, incluso, las dificultades para dormir, los sofocos o los problemas de concentración pueden afectar el bienestar diario sin que existan espacios adecuados para conversar sobre ellos.

Sin embargo, la menopausia no significa el final de la vida activa, de los proyectos personales, de la sexualidad ni de la posibilidad de disfrutar nuevas experiencias. Es una transición biológica que merece ser comprendida sin estereotipos y acompañada con respeto. La edad no debería convertirse en motivo de discriminación ni en una razón para desatender las necesidades de salud.

En Argentina, el desafío también pasa por fortalecer la educación sanitaria, mejorar el acceso a consultas especializadas y promover conversaciones abiertas entre pacientes y profesionales. La información resulta especialmente importante porque los síntomas pueden confundirse con otras condiciones y porque todavía persisten dudas sobre cuándo consultar, qué cambios son esperables y qué alternativas existen para mejorar el bienestar.

El Día Mundial de la Menopausia invita, en definitiva, a transformar el silencio en conocimiento y los prejuicios en escucha. La campaña de 2026, centrada en el dolor crónico durante la mediana edad, recuerda que ninguna molestia persistente debería ser desestimada por la edad o por el género de quien la experimenta. Escuchar, investigar, diagnosticar y acompañar son acciones esenciales para mejorar la atención sanitaria.

Hablar de menopausia es hablar de derechos, de salud integral y de calidad de vida. También es reconocer que las mujeres merecen información clara, tratamientos seguros cuando los necesitan y profesionales dispuestos a escuchar sus experiencias. Porque naturalizar una etapa de la vida no significa resignarse al sufrimiento, sino comprenderla para transitarla con más herramientas, autonomía y bienestar.

Por María Lorena Belotti

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