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title: "Argentinos y la inteligencia artificial: la usan cada vez más, pero todavía están aprendiendo a sacarle todo el jugo"
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description: "La IA ya forma parte de la vida cotidiana en Argentina. Crece su uso para estudiar, trabajar y resolver tareas, aunque persisten brechas de conocimiento y una utilización todavía mayormente básica."
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# Argentinos y la inteligencia artificial: la usan cada vez más, pero todavía están aprendiendo a sacarle todo el jugo

La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología reservada para especialistas y pasó a formar parte de la vida cotidiana de millones de argentinos. Se utiliza para buscar información, estudiar, redactar textos, resumir documentos, generar ideas, resolver problemas, aprender nuevas habilidades y también para tareas laborales. Los datos muestran una adopción acelerada, aunque con una particularidad: los argentinos utilizan cada vez más estas herramientas, pero todavía existe una distancia entre saber usarlas y aprovechar realmente todo su potencial.

Un estudio realizado por Google e Ipsos mostró que el 65% de los argentinos ya utiliza chatbots de inteligencia artificial, por encima del promedio mundial, que se ubica en el 62%. Entre quienes utilizan estas herramientas, el 75% afirma hacerlo para aprender y adquirir nuevos conocimientos. El dato refleja un cambio importante: la IA dejó de ser principalmente un entretenimiento o una curiosidad tecnológica para convertirse en una herramienta práctica.

La fotografía que surge de otros relevamientos, sin embargo, es algo más matizada. Una encuesta nacional realizada por CEPE-Fundar durante agosto y septiembre de 2025 encontró que cerca de la mitad de los adultos conectados en Argentina utilizaba alguna herramienta de IA generativa. El estudio concluyó que la adopción avanzaba con rapidez, pero de manera desigual y todavía superficial. En otras palabras, cada vez hay más personas que entran en contacto con la IA, aunque eso no significa necesariamente que sepan utilizarla de manera sofisticada.

La diferencia aparece especialmente cuando se observa el nivel de conocimiento. Según Ipsos, en 2026 el 70% de los argentinos asegura comprender qué es la inteligencia artificial, cuatro puntos más que el año anterior. Pero cuando la pregunta pasa de la definición general a reconocer qué productos y servicios utilizan IA, el porcentaje cae al 51%. Esto revela que la tecnología está instalada en el imaginario cotidiano, aunque no siempre se comprende qué hay detrás de las herramientas que se utilizan.

La edad y el nivel educativo también marcan diferencias importantes. La encuesta nacional de CEPE-Fundar registró una utilización mucho más extendida entre las generaciones jóvenes: el 63,9% de la Generación Z utilizaba IA, frente al 29% de los boomers. También encontró una brecha asociada con la educación: la adopción supera el 60% entre quienes tienen estudios universitarios y cae por debajo del 30% entre quienes no completaron la secundaria.

En cuanto a la forma de utilizarla, predominan todavía los usos funcionales. La IA aparece como una suerte de asistente digital al que se le consulta información, se le pide que explique un tema, que ayude a redactar un texto, que resuma contenidos o que colabore con determinadas tareas. El mismo relevamiento encontró que el 61,2% de quienes utilizan IA para fines personales lo hace algunas veces por semana o por mes, mientras que el 28,5% la utiliza con una frecuencia casi diaria. Esto significa que, aunque la herramienta ya está incorporada, para buena parte de los usuarios todavía no constituye un hábito intensivo.

El crecimiento también se observa entre quienes trabajan. Un informe de Microsoft difundido en 2026 estimó que el 21,9% de los argentinos en edad laboral ya utilizaba herramientas de inteligencia artificial generativa, frente al 17,8% registrado anteriormente. El avance confirma que la IA comienza a ocupar un espacio cada vez más concreto en las actividades profesionales y no solamente en el ámbito personal.

La pregunta que queda planteada es si los argentinos realmente saben “sacarle el jugo” a la inteligencia artificial. La respuesta parece ser todavía parcial. Una persona puede utilizar ChatGPT, Gemini u otra herramienta todos los días y, sin embargo, limitarse a hacer preguntas sencillas. El verdadero salto de productividad aparece cuando el usuario aprende a formular pedidos precisos, aportar contexto, establecer objetivos, pedir diferentes alternativas, verificar las respuestas y utilizar la IA como un colaborador en lugar de tratarla simplemente como un buscador.

Esa diferencia entre adopción y alfabetización tecnológica es uno de los principales desafíos que muestran los estudios. La encuesta de CEPE-Fundar señala precisamente que la mayoría de los usuarios argentinos se considera básica o intermedia en su conocimiento sobre estas herramientas. Además, la capacitación formal todavía es limitada, lo que indica que buena parte del aprendizaje se produce por prueba y error, exploración personal y recomendación de otras personas.

También existe una cuota importante de cautela. El entusiasmo por la tecnología convive con dudas sobre la privacidad, la información falsa, los errores y el impacto que la IA puede tener sobre el trabajo. El relevamiento nacional encontró que el 61% de los encuestados manifiesta preocupación por cuestiones éticas o de privacidad relacionadas con la inteligencia artificial y que solamente uno de cada diez expresa un nivel alto de confianza en los resultados que producen estos sistemas.

Así, el perfil argentino frente a la inteligencia artificial parece combinar curiosidad, pragmatismo y cierta desconfianza. Se la incorpora cuando ofrece una solución concreta y puede ahorrar tiempo, facilitar una tarea o ayudar a aprender algo nuevo. Pero al mismo tiempo existe una conciencia creciente de que las respuestas no son infalibles y que la herramienta requiere supervisión humana.

El fenómeno también alcanza a las nuevas generaciones. Según datos relevados por Unicef y Unesco, el 58% de los chicos y adolescentes argentinos de entre 9 y 17 años afirmó haber utilizado herramientas de IA, y entre quienes las utilizan, dos de cada tres las aplican para realizar trabajos escolares. El dato anticipa que la relación con estas tecnologías no será una cuestión exclusiva del mundo laboral: también transformará progresivamente las formas de estudiar, buscar información y aprender.

La Argentina, en definitiva, parece haber pasado rápidamente de preguntarse qué es la inteligencia artificial a preguntarse para qué puede utilizarla. La adopción avanza y, en algunos indicadores, el país incluso supera los promedios internacionales. El próximo desafío será menos tecnológico que educativo: aprender a formular mejores instrucciones, comprender las limitaciones de los sistemas, verificar la información y convertir una herramienta que ya está al alcance de casi todos en una verdadera aliada para estudiar, trabajar y resolver problemas.

Porque el dato más significativo ya no es cuántos argentinos conocen la inteligencia artificial. La verdadera diferencia, cada vez más, estará entre quienes simplemente la usan y quienes aprendan a utilizarla estratégicamente.

Por: María Lorena Belotti

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