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description: "A seis años de su muerte, el creador de Mafalda permanece vigente con un humor capaz de convertir una pregunta infantil en una reflexión profunda sobre la sociedad, la política y la vida."
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# Quino, a seis años de su partida: el hombre que dibujó un mundo mejor y dejó a Mafalda pensando por nosotros

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Este 30 de septiembre se cumplen seis años de la muerte de Quino, el inolvidable humorista gráfico argentino que convirtió una pequeña niña de seis años en una de las voces más reconocibles de la cultura mundial. Joaquín Salvador Lavado Tejón murió el 30 de septiembre de 2020, a los 88 años, en Mendoza, la ciudad que lo vio nacer y a la que había regresado definitivamente después de una vida marcada por el dibujo, el humor, el exilio, el reconocimiento internacional y, sobre todo, por una creación que trascendió a su propio autor: Mafalda.

Quizás por una de esas coincidencias que parecen escritas por el destino, Quino murió apenas un día después de que se cumplieran 56 años de la primera publicación de Mafalda. La niña había aparecido por primera vez el 29 de septiembre de 1964, en la revista Primera Plana, y desde entonces comenzó un camino que la llevaría a convertirse en un personaje universal.

Quino había nacido en Mendoza el 17 de julio de 1932, aunque existe una particularidad en torno a su fecha de nacimiento: la página oficial del artista señala el 17 de julio, mientras que los registros oficiales consignaron el 17 de agosto. Sus padres, Cesáreo Lavado y Antonia Tejón, eran inmigrantes andaluces. Desde pequeño recibió el apodo de “Quino” para diferenciarlo de su tío Joaquín Tejón, pintor y diseñador gráfico que tuvo una enorme influencia en su vocación.

La pasión por el dibujo apareció cuando era apenas un niño. A los 13 años comenzó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, pero abandonó la formación en 1949 para dedicarse a aquello que verdaderamente lo apasionaba: el humor gráfico y la historieta. Sus padres murieron cuando todavía era muy joven y aquella infancia atravesada por pérdidas y por un mundo convulsionado también formaría parte, de distintas maneras, de la sensibilidad con la que años más tarde observaría la sociedad.

A los 18 años viajó a Buenos Aires con el sueño de convertirse en dibujante profesional. Los comienzos fueron difíciles. Durante varios años buscó un editor que confiara en su trabajo hasta que, en 1954, publicó su primera página de humor en el semanario Esto Es. A partir de entonces comenzó una extensa trayectoria en revistas y diarios como Rico Tipo, Tía Vicenta, Dr. Merengue, Leoplán, Vea y Lea, Panorama, Democracia y otras publicaciones.

En 1963 apareció Mundo Quino, su primer libro, una recopilación de trabajos humorísticos que ya permitían advertir el estilo que terminaría convirtiéndolo en una figura fundamental del humor gráfico argentino. Pero un año después llegaría aquella niña que cambiaría para siempre su historia y la de varias generaciones de lectores.

Mafalda nació originalmente a partir de un encargo publicitario. Quino había sido convocado para realizar una campaña para una empresa de electrodomésticos cuya marca era Mansfield y necesitaba crear personajes cuyos nombres comenzaran con la letra M. La campaña finalmente no se concretó, pero Quino conservó a la niña que había creado. Poco después, Mafalda encontró su lugar en las páginas de Primera Plana.

La primera tira apareció el 29 de septiembre de 1964. En marzo de 1965, Mafalda pasó al diario El Mundo y comenzó allí una etapa decisiva para su expansión. Más tarde continuaría en la revista Siete Días. En poco tiempo, aquella pequeña niña que odiaba la sopa, amaba a los Beatles y cuestionaba permanentemente el comportamiento de los adultos comenzó a hablar de la guerra, la paz, la democracia, los derechos humanos, la desigualdad, la educación, la familia, el poder y las contradicciones del mundo.

Mafalda no estaba sola. A su alrededor aparecieron Felipe, Susanita, Manolito, Miguelito, Libertad y Guille, personajes que funcionaban como distintas maneras de mirar la realidad. Felipe representaba muchas veces la inseguridad y la imaginación; Susanita expresaba sus sueños, prejuicios y aspiraciones; Manolito tenía una mirada atravesada por los negocios y el dinero; Miguelito se caracterizaba por su particular universo filosófico; Libertad planteaba otras preguntas políticas y sociales; y Guille, el hermano menor de Mafalda, aportaba la mirada de la infancia más pequeña.

En ese universo aparentemente cotidiano, Quino consiguió algo extraordinario: hacer humor sin subestimar al lector. Mafalda podía hablar como una niña y, al mismo tiempo, formular preguntas que incomodaban a los adultos. Su preocupación por el estado del planeta y por las guerras convivía con algo tan sencillo como su rechazo a la sopa. Esa combinación de inocencia, inteligencia, ironía y crítica social convirtió a la historieta en una obra capaz de atravesar edades, fronteras y épocas.

El éxito fue inmediato. El primer libro recopilatorio de Mafalda apareció en 1966 y los 5.000 ejemplares de la primera edición se agotaron en apenas dos días. En 1969 llegó a Italia, donde fue presentada como Mafalda la contestataria con un prólogo de Umberto Eco. Con el tiempo, las tiras fueron traducidas a numerosos idiomas y el personaje pasó a formar parte del imaginario cultural de distintos países.

Pero Quino decidió detenerse. El 25 de junio de 1973 publicó la última tira nueva de Mafalda. No fue porque el personaje hubiera perdido popularidad, sino porque su creador sentía que estaba comenzando a repetirse. Quino explicó que cada entrega le exigía un enorme esfuerzo y que, cuando ya sabía de antemano cómo terminar una historieta, entendía que había llegado el momento de ponerle un punto final. Eligió, así, preservar a Mafalda antes que convertirla en una repetición de sí misma.

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La decisión no significó el final de Mafalda. Por el contrario, la niña continuó creciendo en las bibliotecas, en las librerías, en las aulas, en los hogares y en la memoria de millones de lectores. Sus libros siguieron reeditándose y el personaje fue utilizado en distintas campañas sociales, entre ellas acciones vinculadas con UNICEF y la Cruz Roja Española.

Quino, mientras tanto, continuó dibujando. Su obra no terminó con Mafalda. Publicó numerosos libros de humor, entre ellos Yo que usted..., Bien, gracias, ¿y usted?, Déjenme inventar, Quinoterapia, Gente en su sitio, Yo no fui, ¡Qué presente impresentable! y Simplemente Quino. Su humor siguió observando las relaciones humanas, las desigualdades, el consumo, la política, las instituciones, la vida cotidiana y las contradicciones de una sociedad que muchas veces parecía ofrecerle material inagotable.

Su trayectoria también estuvo atravesada por la historia argentina. Durante la última dictadura militar, Quino se exilió en Milán junto a su esposa, Alicia Colombo, con quien se había casado en 1960. Alicia fue una figura fundamental en su vida personal y profesional y permaneció a su lado durante décadas. La pareja no tuvo hijos.

El vínculo entre Quino y Alicia fue uno de los grandes pilares de su vida. Estuvieron juntos durante 57 años, hasta la muerte de ella en 2017. Después de su fallecimiento, Quino regresó definitivamente a Mendoza, donde pasó sus últimos años acompañado por familiares, especialmente por sus sobrinos.

Quino recibió a lo largo de su carrera numerosos reconocimientos. Entre ellos se encuentran la Palma de Oro del Salón Internacional del Humorismo de Bordighera, el Premio Konex de Platino, el título de Ciudadano Ilustre de Mendoza y de Buenos Aires, la distinción de Caballero de la Orden de Isabel la Católica y, en 2014, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Ese mismo año se celebraron los 50 años de Mafalda y las seis décadas de trayectoria profesional de su creador.

También hubo adaptaciones audiovisuales. En 1993 se produjo una serie animada de Mafalda, con 104 episodios de aproximadamente un minuto, realizada en coproducción entre España y Cuba. El personaje llegó así también a la televisión, sumándose a una larga historia de libros, traducciones, exposiciones y homenajes.

Sin embargo, más allá de los premios y de los millones de ejemplares vendidos, quizás el verdadero reconocimiento a Quino sea otro: Mafalda sigue siendo capaz de formular preguntas que no envejecen. Las preocupaciones de aquella niña nacida en los años 60 continúan dialogando con el presente porque las grandes preguntas sobre la humanidad no tienen fecha de vencimiento.

Quino murió en Mendoza el 30 de septiembre de 2020, a los 88 años. Se cerró entonces la vida de Joaquín Salvador Lavado Tejón, pero no la de Quino. Tampoco la de Mafalda.

Porque Mafalda nunca dejó de crecer. Creció con quienes la leyeron de niños y volvieron a ella de adultos. Creció cuando nuevas generaciones descubrieron sus libros. Creció cada vez que alguien volvió a encontrarse con una de sus preguntas y comprendió que aquello que parecía una simple tira cómica escondía una reflexión mucho más profunda.

A seis años de la muerte de Quino, su lápiz sigue haciendo algo que pocos artistas consiguen: obligarnos a detenernos, mirar alrededor y pensar. Tal vez ese sea el mejor modo de recordar a un hombre que eligió el humor para hablar de las cosas serias. Quino se fue, pero dejó a Mafalda sentada frente al mundo, con los ojos abiertos y una pregunta siempre lista. Y mientras esa pregunta siga incomodando, haciendo sonreír y despertando conciencia, Quino seguirá, de alguna manera, dibujando.

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Por: María Lorena Belotti

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