
Obelisco 90 años: la noche en que Buenos Aires convirtió a su gran símbolo en una fiesta a cielo abierto
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El corazón de Buenos Aires volvió a latir esta noche alrededor de su monumento más emblemático. El Obelisco cumplió 90 años y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo celebró con una puesta monumental que transformó a la avenida Corrientes en una verdadera fiesta urbana, con luces, espectáculos, intervenciones artísticas y miles de vecinos y turistas que se acercaron para homenajear al símbolo más reconocible de la capital argentina. Desde temprano, la zona de 9 de Julio y Corrientes comenzó a poblarse de familias, jóvenes, parejas y visitantes extranjeros que caminaron entre escenarios, artistas itinerantes, puestos gastronómicos y propuestas culturales montadas especialmente para la ocasión.
La celebración, bautizada “La Noche del Obelisco”, convirtió varias cuadras de Corrientes —desde Callao hasta Cerrito— en un corredor peatonal inmersivo donde cada tramo evocó distintas décadas de la historia porteña. Hubo música en vivo, performances teatrales, ambientaciones retro, lecturas, personajes caracterizados y estaciones temáticas que recrearon diferentes épocas de Buenos Aires, mientras bares, teatros, pizzerías históricas y restaurantes extendieron sus horarios hasta la madrugada para acompañar la fiesta popular.

Uno de los momentos más impactantes de la noche fue el gran show de mapping 3D proyectado directamente sobre la estructura del Obelisco. La superficie del monumento se transformó en una pantalla gigantesca donde desfilaron imágenes históricas, animaciones, luces y efectos visuales que recorrieron momentos icónicos de Buenos Aires y del propio monumento. Durante varios pasajes del espectáculo, el Obelisco cambió de tonalidades y pasó del blanco clásico a combinaciones de azul, violeta, rojo, dorado y celeste, acompañando el ritmo de la música y generando una postal futurista en pleno centro porteño.
La gente respondió masivamente. Las inmediaciones de Plaza de la República estuvieron colmadas durante gran parte de la jornada y las imágenes del festejo mostraron una avenida Corrientes completamente tomada por peatones que se detenían a fotografiar el monumento iluminado. Muchos aprovecharon además para participar de las visitas guiadas y de las actividades vinculadas al nuevo mirador del Obelisco, inaugurado recientemente, que permite subir a la cúspide a través de un ascensor vidriado y observar la Ciudad desde más de 60 metros de altura.

El Obelisco fue inaugurado exactamente un sábado como hoy, el 23 de mayo de 1936, en homenaje al cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. La idea surgió durante la gestión del entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre, quien impulsó la construcción de un gran monumento que sintetizara la modernización de la Ciudad y acompañara la transformación urbana que estaba viviendo la avenida 9 de Julio. El proyecto fue encargado al arquitecto tucumano Alberto Prebisch, una de las figuras más importantes del modernismo argentino y también autor del emblemático Teatro Gran Rex.
Prebisch se inspiró en el racionalismo europeo y en los grandes monumentos urbanos del mundo para diseñar una estructura simple, geométrica y monumental que pudiera funcionar como faro simbólico de la Ciudad. La construcción fue vertiginosa: comenzó el 20 de marzo de 1936 y quedó terminada apenas 31 días después, gracias al trabajo de más de 150 obreros y a técnicas de hormigón armado de endurecimiento rápido. Tiene 67,5 metros de altura y fue revestido originalmente con piedra blanca cordobesa.

Aunque hoy parece imposible pensar Buenos Aires sin el Obelisco, en sus primeros años estuvo lejos de ser aceptado. Muchos porteños lo criticaron por considerarlo exagerado, innecesario o antiestético, y hasta hubo intentos oficiales para demolerlo apenas tres años después de su inauguración. Con el tiempo ocurrió exactamente lo contrario: el monumento terminó convirtiéndose en el gran altar emocional de la Ciudad, escenario de celebraciones deportivas, protestas sociales, recitales, campañas culturales y encuentros colectivos que marcaron generaciones enteras.
A lo largo de las décadas el Obelisco fue vestido, intervenido y transformado infinidad de veces. Se convirtió en árbol de Navidad, fue cubierto con un preservativo gigante durante una campaña por el Día Mundial del Sida, apareció transformado en lápiz gigante para recordar La Noche de los Lápices y también sirvió como epicentro de los festejos por el Mundial de Qatar 2022. Su silueta terminó adquiriendo una dimensión emocional que supera lo arquitectónico: para millones de argentinos, el Obelisco ya no es solamente una construcción de hormigón, sino el lugar donde Buenos Aires celebra, protesta, abraza y se reconoce a sí misma.
Noventa años después de aquella inauguración de 1936, el monumento volvió a demostrar por qué sigue siendo el gran símbolo porteño. Esta noche, entre luces cambiantes, música, pantallas gigantes y una multitud mirando hacia el cielo del centro porteño, el Obelisco no solo celebró su cumpleaños: volvió a confirmar que es el punto exacto donde la Ciudad de Buenos Aires se encuentra consigo misma.
Por: Loli Belotti


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