
“Acaramelados”: el nuevo K-drama de Netflix que mezcla romance, mafia y amnesia, pero vuelve a contar una historia demasiado conocida
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Acaramelados, conocida internacionalmente como Our Sticky Love, es una de las nuevas apuestas surcoreanas de Netflix y llegó a la plataforma el 7 de agosto de 2026. La producción tiene 12 episodios, de aproximadamente 60 minutos cada uno, y está presentada oficialmente como una serie limitada, por lo que, al menos por ahora, no está planteada una segunda temporada.
La historia parte de una fórmula que el público de los K-dramas conoce bastante bien: una protagonista poderosa que pierde la memoria, un hombre misterioso que asegura conocerla y un romance que comienza bajo una identidad falsa. Go Eun-sae, interpretada por Ha Young, es una fiscal ambiciosa que queda amnésica después de verse involucrada en una investigación contra una poderosa organización criminal. Cuando despierta, Jang Tae-ha, encarnado por Jung Hae-in, aparece junto a ella y asegura ser su novio. Sin recuerdos que le permitan comprobar quién es realmente, termina trasladándose con él a un pequeño pueblo dedicado a la fabricación de caramelos.
Pero detrás de esa aparente historia romántica hay algo mucho más oscuro. Tae-ha fue boxeador y terminó vinculado con el mundo criminal. El jefe de la organización, Baek Sang-gil, interpretado por Heo Sung-tae, persigue a la fiscal, mientras el protagonista decide protegerla y esconder su verdadera identidad. Así, Acaramelados intenta hacer convivir la comedia romántica, la amnesia, el drama rural, el boxeo y el thriller criminal.

El elenco está encabezado por Jung Hae-in, Ha Young y Heo Sung-tae, con la participación de Lee Jae-won, Seo Jung-yeon, Jang Hye-jin, Kim Young-ok, Jeon Bae-soo, Kim Mi-hwa y Cha Chung-hwa, entre otros. La dirección está a cargo de Kim Jang-han, quien también dirigió Mi adorable demonio, mientras que el guion pertenece a Mo Ji-hye.
Y aquí aparece el principal problema de la serie. Acaramelados tiene todos los elementos necesarios para funcionar: dos protagonistas atractivos, química romántica, secretos, una identidad oculta, mafiosos, persecuciones, humor y un escenario rural que contrasta con la sofisticación de Seúl. Sin embargo, precisamente porque reúne tantos ingredientes conocidos, en determinados momentos parece más una acumulación de fórmulas que una historia realmente novedosa.
La amnesia como recurso narrativo ya fue utilizada infinidad de veces. También lo fueron el protagonista con pasado criminal que intenta redimirse, la mujer fuerte que termina dependiendo de alguien aparentemente opuesto a ella, la falsa pareja que lentamente se transforma en una relación verdadera y el villano poderoso que persigue a los protagonistas. Acaramelados cambia los envoltorios, pero no siempre consigue modificar sustancialmente la receta.
La mezcla entre romance y mafia tampoco termina de ser completamente orgánica. La serie comienza con una fuerte impronta de comedia romántica y rápidamente introduce elementos de thriller y crimen. Ese cambio de tono puede resultar atractivo para algunos espectadores, pero también genera cierta sensación de estar viendo dos series diferentes que fueron obligadas a convivir dentro de la misma historia. Incluso una crítica de Decider destacó justamente ese desplazamiento entre la comedia romántica y el relato criminal.

Hay además una cuestión de duración que resulta inevitable señalar. Los 12 episodios de alrededor de una hora representan aproximadamente doce horas de historia. Para una trama que podría haberse contado de manera mucho más compacta, el formato termina generando algunos momentos en los que la historia parece estirarse más de lo necesario. Es una característica particularmente llamativa si se tiene en cuenta que una parte importante del atractivo histórico de los dramas coreanos estuvo justamente en su capacidad para construir relatos cerrados y emocionalmente intensos en temporadas relativamente acotadas.
En ese sentido, Acaramelados parece acercarse a una lógica más occidental de producción para streaming: episodios extensos, una mezcla de géneros, una narrativa pensada para el consumo compulsivo y una estructura diseñada para que el espectador quiera continuar inmediatamente con el capítulo siguiente. La paradoja es que ese intento de adaptarse a los hábitos globales puede hacer que pierda parte de aquello que durante años diferenció a los K-dramas.
Sin embargo, sería injusto negar que la serie tiene elementos eficaces. Jung Hae-in aporta el carisma que el papel necesita y Ha Young consigue sostener buena parte del componente cómico de la protagonista. Heo Sung-tae, por su parte, conoce perfectamente el registro del villano amenazante y construye un antagonista que funciona dentro de la historia. El reparto secundario también contribuye a crear el pequeño universo del pueblo de los caramelos, que es probablemente uno de los aspectos visualmente más amables de la producción.
El éxito inicial demuestra, de todos modos, que Netflix encontró un público para la propuesta. La serie ingresó rápidamente en los rankings globales de la plataforma después de su estreno, una muestra más de la capacidad que tienen las producciones coreanas para viajar mucho más allá de su territorio de origen.
Y ese fenómeno merece una mirada que vaya más allá de Acaramelados. Los dramas surcoreanos dejaron hace tiempo de ser un producto destinado exclusivamente a quienes consumen cultura asiática. En América Latina, el K-drama pasó de ser un fenómeno de nicho a convertirse en una presencia habitual dentro de las plataformas de streaming. Un estudio académico sobre la circulación de los dramas coreanos en América Latina ya señalaba que parte de su atractivo regional estaba relacionado con la manera en que estas ficciones representan conflictos sociales, diferencias de clase y experiencias de modernidad que pueden resultar reconocibles para públicos latinoamericanos.
Netflix fue fundamental en esa expansión. La plataforma tiene actualmente un catálogo específico de dramas y producciones coreanas para sus usuarios latinoamericanos, donde conviven grandes éxitos como El juego del calamar, La gloria, Aterrizaje de emergencia en tu corazón, Vincenzo, La reina de las lágrimas y Woo, una abogada extraordinaria, entre muchos otros.
La dimensión del fenómeno tampoco es menor. Un análisis de BB Media citado por The Daily Television señaló que Latinoamérica representa un mercado particularmente importante para el contenido coreano y que el 17% de los usuarios de la región manifiesta gusto por este tipo de producciones, con porcentajes todavía mayores en países como Ecuador, Perú y México.
Netflix, además, ha convertido al contenido coreano en una pieza estratégica de su expansión internacional. La propia compañía realizó una investigación sobre el impacto cultural de sus producciones coreanas y concluyó que el consumo de K-content no se limita a mirar series: también genera interés por distintos aspectos de la cultura surcoreana.
Por eso Acaramelados importa incluso más allá de sus virtudes y defectos. Es otra prueba de que Corea del Sur consiguió convertir su industria audiovisual en un producto global, capaz de competir en el mismo catálogo con producciones estadounidenses, europeas y latinoamericanas. Netflix funciona como el gran puente entre ese mercado y América Latina, permitiendo que una serie producida en Corea pueda estrenarse prácticamente al mismo tiempo para espectadores de Buenos Aires, Ciudad de México, Lima, Bogotá o Madrid.
Pero el éxito de un mercado no significa que cada una de sus producciones sea necesariamente extraordinaria. Y ahí está, quizás, la principal discusión que plantea Acaramelados. Que una serie coreana esté entre las más vistas no obliga a considerarla una obra innovadora. Puede ser entretenida, tener buenos actores y una producción cuidada, y al mismo tiempo repetir fórmulas que ya vimos demasiadas veces.
En lo personal, Acaramelados deja justamente esa sensación: funciona, se deja mirar y tiene suficientes ingredientes para atrapar a los seguidores del género, pero no necesariamente ofrece algo nuevo. El romance, la mafia, la amnesia, el secreto, la redención y la falsa identidad vuelven a encontrarse en una misma historia, mientras los 12 capítulos de una hora terminan haciendo que una premisa sencilla parezca más extensa de lo que realmente necesitaba ser.
Quizás el verdadero desafío para Netflix y para la industria coreana ya no sea conquistar al público latinoamericano. Eso, evidentemente, ya lo consiguieron. El desafío ahora es mantenerlo sorprendido. Porque cuando una fórmula se vuelve demasiado exitosa, el riesgo es que deje de ser una fórmula novedosa para convertirse, simplemente, en otra fórmula más.
Por: Loli Belotti


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