
Marihuana en la adolescencia: qué efectos puede tener sobre el cerebro, la memoria y el aprendizaje
LateLa adolescencia es una etapa de profundos cambios físicos, emocionales y neurológicos. Durante esos años, el cerebro continúa formando y reorganizando conexiones que serán fundamentales para capacidades como el aprendizaje, la memoria, la atención, el control de los impulsos y la toma de decisiones. En ese contexto, distintas investigaciones científicas pusieron el foco en los posibles efectos que puede provocar el consumo de marihuana sobre un cerebro que todavía no completó su desarrollo.
Uno de los principales componentes psicoactivos del cannabis es el tetrahidrocannabinol, conocido como THC. Esta sustancia actúa sobre el sistema endocannabinoide y puede modificar temporalmente distintas funciones cerebrales. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), el cannabis afecta directamente áreas vinculadas con la memoria, el aprendizaje, la atención, la coordinación, las emociones, la toma de decisiones y el tiempo de reacción.
El problema adquiere una dimensión particular durante la adolescencia porque el desarrollo cerebral continúa hasta aproximadamente los 25 años. Por esa razón, los especialistas consideran que los adolescentes son especialmente vulnerables a los efectos adversos del cannabis y que comenzar a consumir a edades tempranas puede aumentar determinados riesgos.
Los efectos no necesariamente son iguales para todas las personas. La cantidad de THC consumida, la frecuencia de uso, la edad en la que comienza el consumo, la potencia del producto y el uso simultáneo de otras sustancias, como alcohol o tabaco, son algunos de los factores que pueden modificar el impacto. También existen variables genéticas, ambientales y sociales que pueden influir en los resultados observados en los estudios científicos.
En el corto plazo, el consumo de cannabis puede alterar el pensamiento, la atención, la memoria, la coordinación motora y la percepción del tiempo. Esto puede traducirse en dificultades para concentrarse, recordar información o resolver determinados problemas. En un adolescente, esas alteraciones pueden interferir con actividades cotidianas y con el desempeño escolar.
La preocupación científica no se limita, sin embargo, a los efectos que aparecen inmediatamente después del consumo. Algunos estudios señalan que comenzar a utilizar cannabis antes de los 18 años podría afectar la manera en que el cerebro desarrolla conexiones relacionadas con la atención, la memoria y el aprendizaje. Los CDC advierten que algunas de estas consecuencias podrían prolongarse durante períodos extensos e incluso persistir, aunque remarcan que todavía se necesita más investigación para establecer con precisión cuáles son los efectos permanentes y en qué condiciones se producen.
El rendimiento educativo también aparece entre las áreas que generan preocupación. Los adolescentes que consumen cannabis presentan, según la evidencia recopilada por los CDC, mayores probabilidades de experimentar dificultades escolares y problemas para recordar información. También se ha observado una asociación entre el consumo durante esta etapa y una mayor probabilidad de abandonar la escuela secundaria o no completar estudios universitarios. Estas asociaciones, sin embargo, no permiten afirmar que el cannabis sea la única causa de esos resultados, ya que intervienen múltiples factores personales, familiares y sociales.
Otro aspecto que preocupa es la relación entre el consumo de cannabis y la salud mental. La evidencia disponible vincula su utilización con distintos problemas, entre ellos depresión y ansiedad social, y señala una mayor probabilidad de experimentar episodios de psicosis, caracterizados por alteraciones en la percepción de la realidad, alucinaciones o paranoia. La asociación con trastornos psicóticos de mayor duración, incluida la esquizofrenia, resulta particularmente relevante cuando el consumo comienza a edades más tempranas y se vuelve más frecuente.
A esto se suma el riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis. Según los CDC, aproximadamente tres de cada diez personas que consumen cannabis pueden desarrollar este trastorno, mientras que la posibilidad aumenta entre quienes comienzan a utilizarlo antes de los 18 años. La mayor concentración de THC también puede incrementar la intensidad de los efectos sobre el cerebro y favorecer un patrón de consumo problemático.
La investigación científica continúa intentando determinar cuánto de estos efectos puede atribuirse directamente al cannabis y cuánto responde a otros factores que suelen coexistir con el consumo durante la adolescencia. La genética, el entorno familiar, las condiciones sociales, la salud mental previa y el consumo de otras sustancias pueden influir en los resultados, por lo que los investigadores buscan separar cada una de estas variables.
Una de las investigaciones de largo plazo más importantes en este campo es el estudio Adolescent Brain Cognitive Development, conocido como ABCD, impulsado para analizar cómo diferentes sustancias y otros factores influyen sobre el desarrollo cerebral durante la adolescencia. El objetivo es obtener evidencia que permita comprender mejor los cambios cognitivos y neurológicos que se producen durante esta etapa.
Los datos disponibles no significan que todos los adolescentes que consumen cannabis vayan a desarrollar problemas de memoria, dificultades académicas o trastornos de salud mental. La evidencia científica muestra asociaciones y riesgos que pueden variar considerablemente según la persona, la edad de inicio, la frecuencia de consumo y la concentración de THC. Por eso, los especialistas destacan la importancia de evitar simplificaciones y de considerar el contexto particular de cada caso.
La información adquiere especial relevancia para las familias porque la adolescencia combina una etapa de desarrollo cerebral intenso con una mayor tendencia a experimentar y asumir riesgos. Hablar abiertamente sobre el consumo, conocer sus posibles consecuencias y consultar con profesionales de la salud cuando existen dudas puede contribuir a detectar tempranamente situaciones problemáticas.
La principal advertencia de la evidencia científica es que el cerebro adolescente no es todavía un cerebro completamente desarrollado. La exposición al cannabis, especialmente cuando comienza temprano y se mantiene de manera frecuente o intensa, puede afectar funciones esenciales como la atención, la memoria, el aprendizaje y la capacidad de tomar decisiones. Por eso, comprender los riesgos permite abordar el tema desde la prevención y la información, sin recurrir ni a la banalización del consumo ni a afirmaciones que excedan lo que actualmente puede demostrar la ciencia.
Por: María Lorena Belotti



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