
Día Mundial de la Seguridad del Paciente: cuando recibir atención también significa estar protegido
LateCada 17 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, una fecha establecida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para recordar que recibir atención médica no solo implica acceder a un diagnóstico o a un tratamiento, sino también tener derecho a que ese proceso sea seguro. La jornada busca generar conciencia, promover la participación de pacientes y profesionales y estimular medidas concretas para disminuir los daños evitables dentro de los sistemas sanitarios.
La fecha fue establecida en mayo de 2019, cuando los 194 Estados Miembros de la OMS reunidos en la 72.ª Asamblea Mundial de la Salud respaldaron la resolución WHA72.6, denominada «Acción mundial en pro de la seguridad del paciente». A partir de entonces, el 17 de septiembre quedó instituido como una jornada mundial de salud pública dedicada específicamente a esta problemática. La resolución reconoció la seguridad del paciente como una prioridad sanitaria mundial y pidió fortalecer las acciones destinadas a evitar daños durante la atención.
La importancia de esta fecha se entiende mejor cuando se observa la magnitud del problema. Según la OMS, alrededor de uno de cada diez pacientes sufre algún daño durante la atención de salud y más de tres millones de personas mueren cada año como consecuencia de esos daños. Una proporción significativa puede prevenirse mediante sistemas adecuados, mejores procesos de atención, comunicación efectiva, capacitación y participación activa de quienes reciben los cuidados.

Hablar de seguridad del paciente significa pensar en todo aquello que puede ocurrir desde el momento en que una persona entra en contacto con el sistema sanitario. Una identificación incorrecta, un diagnóstico equivocado o tardío, un medicamento administrado de manera incorrecta, una infección asociada a la atención sanitaria, una falla en la comunicación entre profesionales, un procedimiento inseguro o incluso una información que no llega correctamente al paciente pueden convertirse en situaciones capaces de provocar daños.
Por eso, la seguridad no depende únicamente de la responsabilidad individual de un médico, un enfermero, un farmacéutico, un técnico o cualquier otro trabajador de la salud. La OMS sostiene que muchos eventos adversos tienen relación con deficiencias de los sistemas y de los procesos de atención. Esto significa que mejorar la seguridad requiere construir estructuras capaces de detectar riesgos, aprender de los errores, favorecer el trabajo en equipo y generar condiciones adecuadas para que los profesionales puedan desarrollar su tarea.
En este sentido, la seguridad del paciente también representa un cambio cultural. Durante mucho tiempo, frente a un error sanitario, la mirada podía concentrarse exclusivamente en encontrar a la persona responsable. El enfoque contemporáneo busca además comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y qué modificaciones pueden impedir que vuelva a suceder. Analizar los procesos permite identificar fallas que, de otro modo, podrían permanecer ocultas y repetirse.
El paciente, además, no es un espectador pasivo. La comunicación entre la persona que recibe atención y los profesionales que la brindan constituye una herramienta fundamental para la seguridad. Preguntar, comprender las indicaciones, informar antecedentes, conocer los medicamentos que se utilizan, expresar dudas y comunicar cambios en el estado de salud son acciones que pueden contribuir a reducir riesgos. La OMS destaca precisamente la importancia de que pacientes y familias participen en las decisiones y en el diseño de soluciones relacionadas con la seguridad.
La edición 2026 pone especialmente el foco en las enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas. El lema elegido por la OMS es «¡Atención segura durante toda la vida!», bajo el eje «Atención segura para las enfermedades no transmisibles».
La elección de este tema responde a una realidad sanitaria cada vez más importante: millones de personas viven durante muchos años con enfermedades crónicas y necesitan controles, medicamentos, estudios, tratamientos, rehabilitación, seguimiento y, en determinados casos, cuidados paliativos. Cuanto más prolongado y complejo es el proceso asistencial, mayor puede ser la cantidad de momentos en los que aparecen riesgos para la seguridad.
En estos casos, un error de medicación, un diagnóstico que se demora, una atención fragmentada, una comunicación deficiente entre distintos profesionales o la falta de continuidad de los cuidados pueden tener consecuencias importantes. La OMS señala que las personas que viven con enfermedades no transmisibles enfrentan riesgos particulares de sufrir daños prevenibles y que esos riesgos también están relacionados con dificultades de acceso, falta de coordinación y problemas propios de los sistemas de salud.
La seguridad, por lo tanto, debe estar presente durante todo el recorrido de una persona: en la prevención, en los controles, en la detección de una enfermedad, en el diagnóstico, en la elección del tratamiento, en la administración de medicamentos, en el seguimiento y también en el autocuidado. No se trata únicamente de evitar una equivocación puntual, sino de construir una atención sanitaria capaz de proteger al paciente de manera permanente.
El desafío también involucra a los gobiernos, las instituciones sanitarias, los trabajadores de la salud, las organizaciones profesionales, las comunidades y a los propios pacientes. La seguridad requiere políticas, recursos, capacitación, protocolos, tecnología adecuada y sistemas que permitan comunicar y analizar los incidentes. Pero también necesita algo menos visible y profundamente humano: escuchar a quien está enfermo, respetarlo, explicarle qué está sucediendo y permitirle participar en las decisiones sobre su propia salud.

La OMS plantea que invertir en seguridad del paciente no solo permite reducir daños y mejorar los resultados sanitarios, sino también disminuir costos derivados de eventos adversos, aumentar la eficiencia de los sistemas y fortalecer la confianza de la población en los servicios de salud.
En definitiva, el Día Mundial de la Seguridad del Paciente propone recordar una idea tan sencilla como trascendente: la atención sanitaria debe curar, aliviar, acompañar y, ante todo, procurar no causar daños evitables. La medicina avanza con nuevos medicamentos, tecnologías, diagnósticos y tratamientos, pero ese progreso solo alcanza su verdadero sentido cuando está acompañado por sistemas capaces de proteger a las personas.
El 17 de septiembre no es solamente una fecha para quienes trabajan en hospitales, clínicas, centros de salud o consultorios. Es una jornada que involucra a toda la sociedad, porque en algún momento de la vida todos podemos convertirnos en pacientes. Y cuando eso sucede, la seguridad no debería ser un privilegio ni una posibilidad: debería formar parte esencial de toda atención de salud.
Por: Loli Belotti


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