
Todos los sábados en el Teatro Patio de Actores (Lerma 568) se presenta Líbranos del mal, amén, un unipersonal protagonizado por Laurentino Blanco que propone una experiencia intensa, incómoda y profundamente movilizante.

El 24 de marzo, el Teatro Picadero se vistió de gala para la presentación de Francisco, el Papa del fin del mundo.
El espectáculo, con idea original, música y orquestaciones de Nicolás Crespo, y libro y letras de Leo Schmit, cuenta con dirección general de María Luján Zalazar y producción ejecutiva de Maximiliano Areitio junto a A Seagull Orquesta.
La trama recorre la vida del Papa Francisco —Jorge Bergoglio— desde su nacimiento hasta su muerte, abordando los momentos más significativos de su historia personal y espiritual.
El elenco está conformado por Alejandro Gallo, Florencia Barisone, Chiara Rodó, Maximiliano Areitio, Joa de León, Milena Cinosi, Marian Lorena Vázquez, Xixi Padilla, Miqueas Peralta y Leo Schmit.
Se destaca especialmente el trabajo de Alejandro Gallo, quien logra una interpretación de Francisco sumamente verosímil, con una presencia escénica que remite al propio Papa.
La composición musical de Nicolás Crespo, junto con las letras de Leo Schmit y los arreglos de Franco Robledo —con aportes corales de Joa de León—, construye un desarrollo sólido y coherente a lo largo de la obra. A Seagull Orquesta, dirigida por Crespo, acompaña con precisión y aporta un sostén sonoro potente y a la vez sutil.
La puesta de luces de Juan Damián Benítez —también codirector— acompaña eficazmente cada clima escénico. El vestuario de Gastón Colman reconstruye con acierto las distintas épocas, mientras que las caracterizaciones de Miguel Ángel González y Claudia Zucchi aportan verosimilitud a los personajes.
En síntesis, Francisco, el Papa del fin del mundo es un espectáculo que promete dar que hablar: una propuesta completa y cuidada, con una fuerte identidad artística.
Por Ignacio Jacquelin





















