
Alexander Zverev volvió a escribir una página dorada en la historia del tenis alemán. El número dos del mundo derrotó a Ben Shelton por 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2 y se consagró campeón del US Open 2026. En Nueva York consiguió su segundo título de Grand Slam, después de haber conquistado Roland Garros meses atrás, y alcanzó los 26 títulos individuales de su carrera.
Pero detrás de la celebración hubo una historia mucho más profunda. Una historia que comenzó cuando Zverev tenía apenas cuatro años y fue diagnosticado con diabetes tipo 1.
Una enfermedad que nunca debía definir su futuro
Zverev nació en Hamburgo y recibió el diagnóstico durante su infancia. La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que afecta las células del páncreas encargadas de producir insulina. Para un deportista profesional, el control de la glucosa representa un desafío permanente: el entrenamiento, la competencia, la alimentación, el estrés y la propia medicación pueden modificar sus niveles de azúcar en sangre.
Durante muchos años, Zverev mantuvo su condición en un ámbito privado. Recién en 2022 decidió hacerla pública y comenzó también a trabajar desde su propia experiencia para ayudar a otros niños y familias.
El alemán controla habitualmente sus niveles de glucosa y utiliza insulina para mantenerlos dentro de parámetros adecuados. Incluso durante los partidos debe estar atento a cualquier variación que pueda afectar su rendimiento y su seguridad.

La frase de una madre que cambió una historia
Cuando los médicos le explicaron a su familia que la vida y el deporte de aquel niño podían estar muy limitados por la enfermedad, su madre, Irina Zvereva, tomó una decisión que Zverev recordó emocionado en el estadio Arthur Ashe.
Después de recibir el trofeo, el alemán contó que fue su madre quien se negó a aceptar que la diabetes determinara hasta dónde podía llegar su hijo.
Su mensaje fue contundente: “Mi hijo será lo que quiera ser”. Si quería ser tenista, sería tenista. Si quería dedicarse a otra actividad, también podría hacerlo.
Y hubo una frase que resumió toda aquella historia: “Esta enfermedad no nos definirá”.
Años después, con dos Grand Slams en sus manos, Zverev volvió a reconocer aquella determinación.
“Mi madre es la persona más importante y la más fuerte que conozco”, expresó el campeón, quien además destacó una particularidad: su madre prácticamente nunca mira sus partidos.
Para Zverev, sin embargo, eso no disminuye su importancia. Por el contrario, representa el vínculo con aquella mujer que, desde el comienzo, creyó que la diabetes no debía ponerle límites a su hijo.
De mantenerlo en privado a ayudar a otros
En 2022, además de hablar públicamente sobre su diabetes, Zverev creó la Alexander Zverev Foundation, destinada a apoyar a niños que viven con diabetes y contribuir a mejorar el acceso a la insulina y a medicamentos esenciales.
Su propia experiencia se transformó así en una herramienta para transmitir un mensaje: una enfermedad crónica puede exigir disciplina y cuidados permanentes, pero no necesariamente debe convertirse en un límite para los sueños de un niño.
La historia de Zverev también muestra que el alto rendimiento deportivo y la diabetes tipo 1 pueden convivir cuando existe seguimiento médico, conocimiento de la enfermedad y un manejo adecuado de la glucosa y la insulina.
De aquella final perdida a campeón de Nueva York
El camino hasta este US Open también tuvo una cuenta pendiente. En 2020, Zverev llegó a la final del torneo neoyorquino y estuvo muy cerca de quedarse con el título ante Dominic Thiem, pero terminó perdiendo en cinco sets.
Seis años después, regresó a Nueva York convertido en campeón de Grand Slam.
En 2026 conquistó primero Roland Garros, su primer grande, luego alcanzó la final de Wimbledon —donde cayó ante Jannik Sinner— y finalmente volvió a Flushing Meadows para quedarse con el US Open. En los cuatro Grand Slams de la temporada acumuló un impresionante 25-2, según los registros oficiales del torneo.
El título de Nueva York significó además convertirse en el segundo alemán en conquistar el US Open, después de Boris Becker.
La final ante Shelton
Frente a un Ben Shelton que buscaba convertirse en el primer estadounidense en ganar un Grand Slam masculino desde Andy Roddick, Zverev impuso desde el comienzo su experiencia y su capacidad para manejar los momentos decisivos.
Ganó el primer set 6-3 y se quedó con un ajustado segundo parcial en el tie-break por 7-2. Shelton reaccionó en el tercero y lo ganó 7-5, pero el alemán no perdió el control del partido.
En el cuarto set volvió a tomar el dominio y cerró la final con un contundente 6-2.
6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2.
El US Open era suyo.
26 títulos y una historia que trasciende el tenis
El campeonato de Nueva York representa el 26.º título individual de Zverev y el segundo Grand Slam de su carrera. En su recorrido también aparecen el oro olímpico en Tokio 2020 —disputado en 2021—, dos ATP Finals y numerosos Masters 1000.

Alexander Zverev de Alemania se inyecta insulina durante final masculina de Wimbledon.
Pero este US Open tiene un significado diferente.
Después de años de espera, lesiones, derrotas y aquella final perdida en 2020, Zverev consiguió dos Grand Slams en una misma temporada. Y cuando tuvo el micrófono frente a miles de personas, no eligió hablar solamente del campeón.
Eligió hablar del niño de cuatro años que recibió un diagnóstico que podía cambiarle la vida.
Y, sobre todo, de la madre que decidió que aquella enfermedad no iba a definirlo.
El discurso se volvió rápidamente viral: superó los 2,1 millones de reproducciones en X y los 8 millones en Instagram, convirtiendo el mensaje de Zverev en uno de los momentos más emotivos de este US Open.
Porque en Nueva York no solamente ganó Alexander Zverev.
Ganó también aquella decisión de una madre que, hace 25 años, eligió creer que su hijo podía ser todo lo que quisiera ser.
Por Osorio Víctor para Late FM 931 Mhz







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