Diego Milito y el desafío de transformar la autocrítica en decisiones

El presidente de Racing reconoció que fue un error extender el vínculo de Gustavo Costas por tres años, asumió responsabilidades por el presente deportivo y admitió que la Academia “no puede estar tan abajo” en la tabla. Sus palabras también abrieron un debate más profundo: la distancia entre el valor de un plantel, las expectativas de un proyecto y la realidad que devuelve la cancha.
DEPORTES04/09/2026LateLate

Las palabras de Diego Milito no fueron solamente una explicación sobre Gustavo Costas. En su conferencia de prensa, el presidente de Racing puso en escena algo mucho más profundo: la necesidad de revisar las decisiones propias cuando un proyecto deportivo no encuentra correspondencia entre las expectativas y los resultados.

Milito reconoció que fue un error haber proyectado a Costas durante 36 meses y asumió personalmente la responsabilidad por aquella decisión. Lo hizo desde una mirada retrospectiva, pero también con argumentos que permiten comprender aquella determinación: una semifinal internacional después de 28 años, una final disputada y un equipo que mostraba una fuerte identificación con su entrenador.

Costas no era un entrenador más. Era un símbolo. Un hombre identificado con Racing, campeón de la Copa Sudamericana y de la Recopa y reconocido por buena parte de la institución como uno de sus grandes referentes. Por eso, la decisión de sostenerlo parecía, en aquel momento, una apuesta por la continuidad de una identidad.

El fútbol, sin embargo, tiene una lógica particular: lo que ayer parecía una certeza puede convertirse rápidamente en una pregunta.

Milito reconoció que la dirigencia quizás perdió de vista el desgaste acumulado durante dos años de trabajo. Y allí aparece uno de los conceptos centrales de su discurso: ningún proyecto deportivo puede evaluarse exclusivamente por sus antecedentes. También debe contemplar los ciclos, las dinámicas internas, los cambios del plantel y la capacidad de renovación.

La salida de Costas, entonces, no puede analizarse solamente desde los resultados. Tampoco desde el afecto o el reconocimiento a su figura. El verdadero desafío está en comprender cómo una decisión que parecía coherente terminó siendo revisada pocos meses después.

Pero la autocrítica presidencial no terminó allí.

Milito también reconoció que Racing no puede ocupar el lugar que actualmente tiene en la tabla de posiciones. La frase adquiere especial dimensión porque no fue formulada desde la distancia, sino desde la asunción de responsabilidades. El presidente de la Academia no buscó despegarse del presente deportivo: se colocó dentro del problema.

Y esa postura modifica la lectura de sus declaraciones. No se trata únicamente de explicar por qué se tomó determinada decisión, sino de reconocer que las decisiones dirigenciales tienen consecuencias y que, cuando los resultados no aparecen, también deben ser revisadas desde quienes conducen.

El presente de Racing obliga, además, a mirar hacia el mercado de pases y a la conformación del plantel. Durante el proceso se marcharon jugadores importantes y el equipo sufrió modificaciones sustanciales. Por eso, comparar el Racing que obtuvo grandes resultados con el Racing actual sin contemplar esas transformaciones sería reducir el análisis a una fotografía incompleta.

Milito defendió el trabajo de la Secretaría Técnica y sostuvo que Racing posee el tercer plantel más valorado del fútbol argentino, detrás de River y Boca. Sin embargo, existe una contradicción que el propio presente deportivo pone sobre la mesa: el valor de mercado no juega partidos, no gana puntos y no garantiza funcionamiento colectivo.

La camiseta de Racing constituye, precisamente, el examen definitivo.

Un futbolista puede llegar con antecedentes destacados, una cotización elevada y buenas referencias. Pero la verdadera evaluación comienza cuando juega en el Cilindro, cuando enfrenta la presión del público, cuando debe responder en un equipo que necesita resultados y cuando las expectativas dejan de ser estadísticas para transformarse en realidad.

Por eso, las declaraciones de Milito pueden leerse como una defensa del proyecto, pero también como una advertencia.

La autocrítica tiene valor cuando no se convierte simplemente en una explicación del pasado, sino cuando permite corregir el futuro. Reconocer que una decisión fue equivocada es el primer paso. El segundo, mucho más complejo, consiste en aprender de ese error para no repetirlo.

En ese contexto, también hubo un reconocimiento hacia quienes sostienen al club desde otro lugar: los hinchas y los socios. Milito expresó su agradecimiento por el acompañamiento y el apoyo recibido, un gesto que adquiere relevancia en un momento en el que la relación entre resultados, expectativas y conducción atraviesa inevitablemente una etapa de tensión.

Porque una institución como Racing no se construye solamente desde una oficina, una secretaría técnica o un campo de juego. También se sostiene desde la pertenencia de quienes acompañan, exigen, cuestionan y, al mismo tiempo, mantienen vivo el vínculo emocional con la camiseta.

Racing atraviesa una etapa en la que ya no alcanza con reivindicar el potencial del plantel ni con recordar los logros recientes. La Academia necesita que sus decisiones deportivas encuentren una correlación con la tabla, con el juego y con las expectativas de su gente. Y debe de mostrar antes posible, el domingo es una oportunidad para cambiar Racing club recibe a Atlético de Tucumán en busca de salir del fondo del Torneo Clausura.

Milito habló de reducir el margen de error.

Y quizás allí esté la verdadera cuestión de fondo: en el fútbol de alto nivel, equivocarse es inevitable; convertir los errores en aprendizaje es una decisión de gestión.

El presidente de Racing eligió asumir públicamente parte de esas equivocaciones. Ahora comienza la etapa verdaderamente difícil: transformar esa autocrítica en decisiones capaces de modificar el presente.

Porque reconocer que Racing no puede estar tan abajo es una definición. Conseguir que deje de estarlo será la verdadera medida de la gestión.

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