
Netflix sumó a su catálogo un éxito turco de 2010-2012 que ya fue furor en Argentina y en decenas de países. La pregunta es inevitable: ¿Por qué se presenta como novedad una historia que ya conocemos?

Desde sus primeros minutos, la película deja claro que no busca agradar a todos. Su enfoque es crudo, directo y, por momentos, difícil de digerir. El nivel de gore es elevado, pero lejos de ser gratuito, se integra dentro de una narrativa que prioriza la tensión constante y el malestar emocional del espectador.





















