Día Internacional contra el Dengue: por qué la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa

El dengue continúa siendo una de las enfermedades transmitidas por mosquitos de mayor expansión en el mundo. Eliminar criaderos, evitar picaduras y reconocer los signos de alarma son claves para reducir riesgos.
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Cada 26 de agosto, el Día Internacional contra el Dengue invita a volver la mirada sobre una enfermedad que, lejos de ser un problema exclusivamente tropical, se convirtió en una preocupación sanitaria para numerosos países. El dengue es una infección viral transmitida principalmente por la picadura del mosquito Aedes aegypti y, aunque en muchos casos provoca síntomas leves o incluso pasa inadvertido, algunas infecciones pueden evolucionar hacia formas graves y potencialmente mortales. La Organización Mundial de la Salud estima que entre 100 y 400 millones de infecciones por dengue ocurren cada año y que aproximadamente la mitad de la población mundial se encuentra actualmente en riesgo.

La fecha busca reforzar un mensaje que continúa siendo fundamental: la prevención no depende únicamente de los sistemas sanitarios, sino también de las acciones cotidianas que se realizan en los hogares, edificios, patios, balcones y espacios comunes. El mosquito que transmite el dengue se reproduce en recipientes que pueden acumular pequeñas cantidades de agua, por lo que una maceta, un balde, un bebedero de animales, una botella, un neumático o cualquier objeto abandonado a la intemperie puede convertirse en un potencial criadero.

Por eso, una de las principales recomendaciones de las autoridades sanitarias es eliminar, dar vuelta, tapar o limpiar todos aquellos recipientes que puedan acumular agua. No alcanza solamente con tirar el agua: es importante cepillar y limpiar las paredes internas de los recipientes porque los huevos del mosquito pueden quedar adheridos y resistir durante períodos prolongados. El Ministerio de Salud argentino sostiene que estas medidas deben mantenerse durante todo el año, incluso durante los meses más fríos, porque los huevos pueden sobrevivir a bajas temperaturas y permanecer latentes hasta que las condiciones sean favorables.

En la Argentina, la prevención continúa siendo una estrategia central. El Ministerio de Salud informó en julio de 2026 que durante la temporada 2025-2026 el país se mantuvo en un escenario de bajo riesgo respecto del dengue, pero remarcó la necesidad de sostener la vigilancia y eliminar criaderos de Aedes aegypti durante el invierno para reducir la población de mosquitos de cara a la próxima temporada. En ese período se visitaron más de 50.000 inmuebles y se eliminaron 10.740 criaderos.

El dengue no se transmite directamente de una persona a otra. El mosquito adquiere el virus cuando pica a una persona infectada y luego puede transmitirlo al picar a otra. El Aedes aegypti tiene hábitos predominantemente diurnos y suele presentar mayor actividad durante las primeras horas de la mañana y hacia el atardecer, aunque las picaduras pueden producirse durante distintos momentos del día.

Además de eliminar los lugares donde puede reproducirse el mosquito, es importante reducir el riesgo de picaduras. El uso de repelente, la ropa que cubra brazos y piernas, las telas mosquiteras en puertas y ventanas y otras medidas de protección ayudan a disminuir el contacto con el vector. La prevención también debe mantenerse cuando una persona ya contrajo dengue, porque un mosquito que la pique durante el período en que el virus circula en su organismo puede infectarse y transmitirlo posteriormente a otras personas.

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Reconocer los síntomas también forma parte de la prevención. El dengue puede comenzar con fiebre, dolor intenso de cabeza, dolor detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos, malestar general y sarpullido. Los síntomas suelen aparecer entre cuatro y diez días después de la infección y, en muchos casos, la enfermedad evoluciona favorablemente en una o dos semanas.

Sin embargo, hay un aspecto que requiere especial atención: la desaparición de la fiebre no necesariamente significa que el peligro haya pasado. Algunas formas graves pueden manifestarse cuando la temperatura comienza a bajar. Dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de encías o nariz, sangre en vómitos o materia fecal, respiración acelerada, somnolencia, irritabilidad, debilidad marcada o piel fría y pálida son signos que requieren atención médica inmediata.

Ante la sospecha de dengue, las autoridades sanitarias argentinas recomiendan no automedicarse y consultar a un centro de salud. En particular, no se aconseja utilizar aspirina, ibuprofeno, ketorolac u otros antiinflamatorios sin indicación médica debido al riesgo de sangrado. El tratamiento se basa fundamentalmente en el seguimiento médico, el reposo y una adecuada hidratación, mientras que la aparición de signos de alarma requiere una evaluación urgente.

La existencia de vacunas contra el dengue también incorporó una herramienta adicional a las estrategias de prevención. La OMS ha precalificado TAK-003, una vacuna viva atenuada que contiene versiones debilitadas de los cuatro serotipos del virus. Sin embargo, la vacunación no reemplaza el control del mosquito ni la eliminación de criaderos: forma parte de una estrategia integral que debe contemplar también la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico temprano, la atención adecuada y la participación de la comunidad.

El Día Internacional contra el Dengue funciona, entonces, como un recordatorio que va mucho más allá de una fecha del calendario sanitario. La lucha contra esta enfermedad comienza muchas veces con acciones pequeñas y aparentemente domésticas: vaciar un recipiente, limpiar una canaleta, cambiar correctamente el agua de un bebedero, revisar una maceta después de una lluvia o protegerse de una picadura.

En una enfermedad en la que el mosquito necesita apenas un pequeño espacio con agua para comenzar su ciclo, la prevención también puede comenzar con algo tan sencillo como mirar alrededor de la propia casa. La suma de esas acciones individuales puede convertirse en una herramienta colectiva para reducir la circulación del virus y proteger especialmente a quienes pueden desarrollar formas más graves de la enfermedad.                                

Por: María Lorena Belotti

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